Truco para cocina

Cómo evitar lastimarte los dedos cuando usas un rallador de queso con un sencillo truco casero

Una solución creativa y segura para cocinar sin riesgos.
jueves, 17 de julio de 2025 · 12:30

En la cocina, hay herramientas que usamos todos los días y que, aunque parezcan inofensivas, pueden provocar pequeños accidentes. El rallador de queso es uno de ellos: eficiente, práctico, pero también conocido por dejarnos los dedos lastimados si no se tiene cuidado. Por suerte, hay una forma simple y casera de evitarlo.

El método es tan sencillo como efectivo: solo necesitás un folio plástico, de esos que se usan para guardar hojas en carpetas. Colocás el rallador dentro del folio, luego ponés el trozo de queso (o zanahoria, o lo que desees rallar) también dentro, y desde el exterior realizás el movimiento de rallado. Tus dedos nunca tocan las cuchillas del rallador, y el alimento queda perfectamente procesado.

Cómo implementar el truco paso a paso

Con este truco, tus dedos no tocan las cuchillas en ningún momento. Fuente: Canva
  • Buscá un folio escolar de plástico, limpio y sin perforaciones.
  • Introducí el rallador dentro del folio.
  • Colocá el trozo de alimento que quieras rallar dentro del folio, encima del rallador.
  • Sujetá el alimento desde afuera del folio y comenzá a rallar con suavidad.
  • Retirá el alimento rallado desde el interior del folio cuando termines.

Más allá del truco: cómo limpiar el rallador sin complicaciones

Otro desafío del rallador es la limpieza. Para que no queden restos pegados, colocá el utensilio en agua caliente apenas termines de usarlo. Después, usá un cepillo de dientes viejo con detergente para frotar los orificios. Si algo sigue adherido, rallá un poco de pan duro: ayuda a desprender los restos sin dañarlo.

También podés limpiar el rallador con agua caliente y un cepillo de dientes. Fuente: Canva

Este truco no solo evita cortes y rasguños, también permite aprovechar al máximo cada alimento, sin dejar restos por miedo a tocar las cuchillas. Una vez que lo probás, se vuelve parte de tu rutina de cocina. Simple, económico y, sobre todo, seguro.