LAS POSTURAS DEL KAMASUTRA

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 Las posturas del Kamasutra más placenteras
27 de Junio de 2008 21:00

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BAJADA<br><i>Terra</i>


LAS POSTURAS DEL KAMASUTRA

SANTIAGO, junio 27.- De todo el libro del Kamasutra, sólo un capítulo de treinta y seis se dedica a las posturas del coito. El resto, hace todo un recorrido por lo que podría llamarse la sensualidad del encuentro sexual y las advertencias que deben observar los buenos amantes. Entre otras cosas, previene a los ingenuos frente a la creencia e que la sexualidad femenina sea menos pujante que la masculina.

Habitualmente, las posturas que suelen señalarse como pertenecientes al kamasutra son unas treinta, aunque el libro ofrece variantes más numerosas. Pero casi todas tienen un inconveniente: son excesivamente coitocéntricas. Como si las relaciones sexuales tuvieran que limitarse a la vieja unión pene-vagina.

El disfrute sensual

Obviamente el coito, en cualquiera de sus posturas, ofrece sensaciones genitales agradables y mayores o menores posibilidades de que los dos amantes puedan estimular con las manos o los labios otras partes erógenas del cuerpo. Eso sucede, por ejemplo, en cualquier posición en la que él la aborda a ella por la espalda, aunque la receptora de las caricias sea la mujer y no el hombre. En tales posturas se cuenta con la relativa ventaja de que el hombre también puede estimular el clítoris con la mano.

Ellos pueden disfrutar más, quizás, de cualquier postura cara a cara (bien sea tendidos o sentados) en donde resulta fácil fundir los dos cuerpos en un estrecho abrazo y disfrutar de ese modo de otras sensaciones eróticas y sensuales que proporciona el contacto piel con piel.

Hombres y mujeres

Las posturas del Kamasutra más placenteras

Las posturas más satisfactorias para la mujer

Las posturas más satisfactorias para la mujer, en cuanto a la facilidad para obtener el orgasmo se refiere son aquellas en la que él está tendido boca arriba y ella se coloca sentada sobre él e inclinada un poco hacia delante (la fusión), o tendida sobre él a lo largo y con las piernas por fuera de las de él (la nadadora).

En ambas posturas se produce una penetración parcial del pene en la vagina y resulta más fácil el acomodo del clítoris sobre el pubis masculino. En estas posturas, ellas pueden controlar mejor los movimientos y proporcionarles al clítoris el estímulo que demanda.

En la medida que pueda controlar la profundidad de la penetración (que puede doler) y ajustar su clítoris al hueso púbico del chico, la mujer puede disfrutar mucho, también, de la postura cara a cara y sentados, sobre todo si él lo está sobre el borde de la cama o una silla (la hamaca). Porque de este modo, el clítoris también podrá recibir la estimulación que necesita y que resulta imprescindible para obtener el orgasmo.

¿Le saca partido el hombre a todas las posturas?

El resto de las posturas son excitantes por lo que suponen de cambio y de novedad. Pero al no tener en cuenta la posición del clítoris y contar con que el pene siempre se desliza por el interior de la vagina, se obtienen sensaciones placenteras y voluptuosas vaginales incuestionables.

Pero ya se sabe que el estímulo de la vagina llega a un punto en el que ya no da más de sí. Por eso, esas posturas, desde el punto de vista orgásmico son buenas para ellos, pero no tanto para ellas.

Sin embargo, todas las posturas pueden resultar excitantes y orgásmicas para la mujer si permiten que el hombre le estimule el clítoris o que se lo pueda estimular ella.

De ese modo, sí que se le puede sacar partido a todo el formulario de posturas del Kamasutra. Pero eso no sucede con las posturas más acrobáticas; resultan menos interesantes. Son vistosas, sí. Pero aportan poco al placer sensual y al orgasmo tanto masculino como femenino por tres razones.

La primera de ellas es que suelen olvidarse de la situación que tiene el clítoris en la mujer (como en la picada del escorpión). La segunda es que requieren tal esfuerzo muscular que aleja toda posibilidad orgásmica por el trabajo que cuesta mantener la posición (la cruz o la marquesa). Y la tercera, que con frecuencia requieren tener las dos manos ancladas en el suelo (la marquesa, la trompa), lo que le resta al hombre y a la mujer posibilidades de estimular el clítoris con ellas.

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