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María Cornelia Olivares
Es una de las patriotas más destacadas de la Independencia de Chile, aunque no ha logrado generar la fama de una Paula Jaraquemada.

Chillaneja de nacimiento, fue justamente en la plaza de Chillán Viejo donde en 1816 fue humillada y sometida al escarnio público por los realistas. “Hombres i mujeres deben tomar las armas contra los tiranos. La libertad a todos beneficia, todos deben amarla i defenderla”, decía a los vecinos, según narra Vicente Grez en su libro “Las Mujeres y la Independencia”. Y prosigue describiéndola así: “Parecía a veces una mujer iluminada, encargada de alguna misión providencial como Juana de Arco.

Los españoles alarmados con la propaganda de este adversario, poderoso por su misma debilidad, la amenazaron con encerrarla en vida si no guardaba silencio; se la prohibió salir de su casa. Puede decirse que la autoridad fue amable i cortés con ella, tal vez a secuencia de antiguas relaciones i parentescos”.

Finalmente, la gota de su patriotismo rebalsó el vaso de la paciencia realista y la valiente María Cornelia fue detenida por los soldados, quienes le cortaron las cejas y la pelaron al rape. Digna, ella replica que “la afrenta recibida por la Patria, en vez de humillar, enaltece”.

En 1818, el Director Supremo Bernardo O´Higgins la distinguió como “Ciudadana Benemérita de la Patria”, por ser “una de las chilenas más honorables del Estado”, debido a su colaboración en la difusión de ideas revolucionarias y por incitar a los patriotas a combatir el colonialismo español.

En 1919 se pidió que se pusiera su nombre al Liceo de Niñas de Chillán y actualmente varias escuelitas y muchas calles en distintas ciudades y pueblos de Chile llevan su nombre.





Adriana Olguín
En 1952 llegó al Ministerio de Justicia y se convirtió en la primera mujer ministro de Estado, no sólo en Chile, sino que en toda Latinoamérica. Durante el gobierno de Gabriel González Videla, fue testigo del inicio del ascenso de la mujer en el escalafón del poder político en nuestro país. Se dedicó a los problemas femeninos y terminó como Consejera de Estado en el gobierno militar de Augusto Pinochet.

En una entrevista declaró: “Nunca he sentido discriminación ni como estudiante, ni como profesional, ni como funcionario público, pero sé que existe porque lo he visto en otras personas. Hemos avanzado mucho, especialmente con una reforma que se hizo cuando era jefa de la oficina de la mujer, que es la precursora del Sernam. Estudiamos todas las desigualdades existentes: legales, de orden civil, laborales, penales y propusimos un proyecto para modificar el Código Civil, que nunca había sido modificado. Se hizo una de las más grandes reformas”.

La jurista tuvo el mérito de haber gestionado la ley que dio voto a la mujer en plenitud, por eso para muchos el voto femenino lleva el nombre de Adriana Olguín.





Esther La Rivera
En el año 1922 se crea el Partido Cívico Femenino (PCF). Ella es la fundadora y primera presidenta, junto a “sus colaboradoras radicales y laicas” Elvira de Vergara, Berta Recabarren, Graciela Mandujano y Graciela Lacoste.

El Partido Cívico Femenino plantea el voto femenino subordinado a la educación cívica. “Primero educar y luego decidir”. Propone trabajan por el voto municipal, a modo de “ensayo-aprendizaje”.

Estas mujeres editan la revista “Acción Femenina” durante 14 años, alcanzando un tiraje de 10 mil ejemplares. En ella expresan que “el feminismo no desea violencia. La mujer moderna no pide nada injusto ni abusivo. Queremos que se conozca a la mujer como algo más que un objeto de lujo y placer...”.

La temática de la publicación se centra en la emancipación de la mujer y particularmente en la batalla por el voto femenino, con sendos artículos dedicados al logro de las inglesas por el derecho a sufragar en 1918, seguido por el de las alemanas en 1919 y por el de las estadounidenses en 1920. En Chile, recién en 1931 las mujeres pudieron votar, pero con restricción de edad (sólo podían hacerlo las mayores de 25 años); finalmente fue en 1949 cuando se firmó la ley de sufragio femenino, la cual debemos a visionarias como Esther La Rivera.