Terra.cl
01 febrero, 2007
Del Chino Ríos y los buenos amantes
Lo único que me gustó de las desubicadas declaraciones de Amalia Granta en Intrusos sobre la masculinidad de Marcelo Ríos, es que puso en el tapete un tema que me encanta: el de los buenos y los malos amantes.


Me da un poco de lata detenerme en esa rubia argentina: petiza, agrandada y un tanto mentirosa. Me parece más interesante enfocarme en nuestro querido Chino para ejemplificar un tema que es bastante social, sobre todo mirando las estadísticas que dicen que apenas el 17 % de las mujeres chilenas confiesa alcanzar el orgasmo cada vez que tiene una relación sexual o cuando escucho a mis compañeras de trabajo decir que un buen amante es el hombre con el que no tienes que pedir una pizza o un taxi después de tener sexo... Pero qué poca cariño consigo misma.


Un buen amante es el que te deja amarrada a la cama, sin ganas de pararte, sin importar si se dio vuelta un vaso, se rompió un vidrio, se rayó el piso o se manchó la sábana. Un buen amante es ese que es capaz de seducirte con una simple caricia, con una palabra en el oído, con una mirada.


Y en eso no tiene nada que ver el tamaño del miembro. A la hora de intimar lo que vale es una buena performance. Por eso me gusta el ejemplo de Marcelo Ríos porque podría ser justamente ese el problema del ex número uno del mundo. Que le encanta andar con una mujer y otra, sin detenerse mucho en ninguna.


Entiendo que el sexo casual tiene sus ventajas y es entretenido cuando se es un adulto soltero (siempre y cuando sea con cuidado, ojo). Pero el sexo tiene mucho que ver con el conocimiento, tanto de los cuerpos como de los ritmos. Por eso dicen que el sexo con amor es el mejor. Y quizás eso podría ser lo que le falte al ex top ten.


Y esto de que le gusta andar con una y otra lo digo con conocimiento de causa. Las historias de los carretes del Chino son numerosas. Y aunque los años pasan, en Marcelo Ríos estos han ido creciendo en vez de parar un poco.


Hace poquito no más, supe que mientras mantenía un affaire con Rocío Marengo llegó varias veces bien pasado de copas a gritarle desde la calle hacia su departamento en Manquehue... y no exactamente el diálogo de la inconsistente luna entre Romeo y Julieta.


Y ayer se mandó de nuevo uno de esos numeritos. Algo bien parecido a cuando en un baño de La Serena orinó a un comensal. O al escándalo del Liguria que terminó con carabineros. Ayer en una discotheque del barrio alto cuyo nombre no revelaré, se dedicó a insultar a medio mundo y hasta se cayó en la pista de baile. Impresionante.


Esta semana escuché dos comentarios sobre el Chino. Uno que no comparto en absoluto. Y otro que creo que el ex tenista debería escuchar.


El primero venía de Patricia Maldonado. Según ella, todos nosotros, como chilenos, no deberíamos permitir más que esta “bataclana de sexta categoría” (así se refirió ella a la Granata) dudara de la masculinidad de este deportista que tantos triunfos nos dio. “No se puede hablar así de un ídolo como él, hay que respetarlo”, fue su argumento.


No podría estar menos de acuerdo. El respeto las personas se lo gana por supuesto con el talento, pero eso no significa que la sociedad deba perdonarle todo a Marcelo Ríos. Espero que no nos convirtamos en un pueblo como el gringo, que le perdona a O.J. Simpson un asesinato sólo por ser él quien es.


Otra cosa es que Ríos es además pastel... y eso no lo podemos negar. El otro día escuché que Jaime Coloma le recomendaba en Alfombra Roja un asesor de prensa. Y pucha que lo necesita. Analicemos su semana.


Primero aparecen dudando de su poder sexual y se queda callado. Al día siguiente elige como interlocutora a Daniella Campos para decir por primera vez que nunca tuvo intimidad con Amalia Granata. No podría haber elegido peor interlocutor, al menos si quería que lo tomaran en serio. Y luego asegura que se va a ir de vacaciones con su hija y con su ex a Costa Rica sin preguntarle a Giuliana Sotela, quien lo desmintió a través de terra.cl a los pocos minutos.


Urgente: alguien que le explique que no puede insultar a la gente como se le da la gana y alguien que le enseñe en qué momentos debe hablar con la prensa y en qué momentos no debe hacerlo. Lo del amante, esperemos que tenga una relación estable para estar seguros... Y ojalá que no nos enteremos por televisión del estilo de su performance. Por favor.

Publicado a las 16:21:09
 

Alejandra Valle, periodista/opinóloga


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