11
julio,
2007

Esta semana se pasaron con los posteos. Quiero de todo corazón agradecerle a los hombres que quisieron compartir sus sentimientos en este tema, al parecer, tan sensible para todos.
Es difícil identificar los miedos parece, pero los de más alto rating son claramente el temor a la soledad y al mismo miedo.
Cuando leo todos los posteos, me pregunto dónde está el límite de la paciencia, ya que pareciera que nos gusta sufrir o dependemos tanto del otro que no lo podemos soltar, a pesar del dolor continuo que nos produce.
Tener paciencia y hacer todo lo posible por cambiar una situación de pareja no sólo me parece noble, sino que imprescindible para el crecimiento humano y de los integrantes de una relación. Sería francamente imposible tener una pareja para toda la vida, sin la capacidad de perdonar, de aceptar y sin la paciencia frente a las cosas que no puedo cambiar.
El mantener una relación es un trabajo que requiere de todos los esfuerzos posibles para mantenerla viva y no sólo eso, sino que es nuestra obligación hacerla crecer.
Pero el problema es cuando me empiezo a dañar en el proceso de querer salvar la situación, cuando ese daño es permanente, cuando altero mi forma de enfrentar lo cotidiano y pierdo la esperanza frente a la vida, frente a mí misma y empiezo a sentir que es la “vida que me tocó”, que nada puedo hacer para cambiarla y que es mi destino, sin ninguna posibilidad de que algo pueda modificarse.
Aquí es importante tener en cuenta, como un elemento importante, que uno al final tiene la vida que quiere tener y acepta lo que quiere aceptar.
Los miedos se desvanecen cuando uno los enfrenta y se agrandan cuando uno arranca de ellos.
Les pido que evaluemos cuánto es paciencia, cuánto es ilusión, cuánto estamos trabajando por el cambio y cuánto esperamos sólo que ocurra. Debemos evaluar cuánto nos estamos destruyendo y no sólo a nosotros, sino que a los que queremos también.
Mucha suerte!!!