

Porque más allá de que los neoyorquinos no se despeinen en el escenario y que sus estirados trajes algo los distancien del sudor que se vive en la cancha, lo que entrega la banda en vivo supera en decibeles el play de cualquier reproductor.
Donde el sonido post punk de finales de los setenta con que tanto brilló (u oscureció si se prefiere) el cuarteto de Manchester Joy Division brota como una influencia bien aplicada en el grupo que demostró ir bien encaminado en su carrera por apuntarse como una banda con sonido propio.
El de anoche fue un espectáculo que partió abrazando con la envolvente voz de Paul Banks en “Pioneer to the falls” de su último disco “Our love to admire” (2007) y que no soltó a nadie hasta despedirse con “PDA”, el single que los lanzó al mundo con su debut “Turn on the bright lights” (2002). El mejor compendio de su carrera.
Todo en una hora y treinta y cinco minutos que sirvieron para comprobar que la banda ya cuenta con un público cautivo en Chile capaz de llenar un Teatro Caupolicán. Es que se corrió rápido la voz de que Interpol en vivo suena como los discos, pero mejor.
José Vásquez
Fotos: Sergio Piña
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